domingo 8 de noviembre de 2009

Pequeña satisfacción

En mi afán por volver a ser hiperactiva, algo que he perdido en los últimos meses a causa de un extraño síndrome marmotil que no hace sino obligarme a dormir diez horas al día, hoy he coronado una nueva cumbre: he terminado de pintar mi belén de escayola.

El tiempo total invertido ha sido de tres tardes, eso sí, repartidas a lo largo de un año. Mi idilio con el belén de escayola llegó de repente en un escaparate de una tienda de manualidades. Dos días después ya tenía las cinco figuritas, pinturas y pinceles. Como sólo a mí se me ocurre ponerme a hacer esas cosas a primeros de diciembre, el pobre San José se quedó sin pintar y lució de color blanco todas las navidades pasadas.

Como muchos sabréis, mientras hacíamos el especial de Expohogar (que, por cierto, se ha clausurado hoy después de cuatro días con menos novedades que el polígono de Miguelturra cualquier tarde) me entró la vena artística (aparte de una necesidad imperiosa de ir a Ikea) y decidí, porque sí, que iba a pintar un cuadro. Realmente lo decidió por mí el haber visto un cuadro en internet que, con portes, me costaba casi 150 euros.

En la tienda de manualidades se abrió todo un mundo ante mí, un mundo ya olvidado. Compré el lienzo corriendo para no caer en la tentación de comprar nada más pero antes o después tendré que volver a comprar las pinturas que me hacen falta. Para demostrar a todos los que dicen de mí que empiezo muchas cosas y nunca las acabo que no es así, pensé que sería justo pintar al San José antes de comenzar algo nuevo. ¡Y lo he conseguido! He invertido dos horas esta tarde en pintarlo (con pincel gordo, encima, pobre...) y envejecer las cinco figuras. Ahora toda mi casa es tóxica, pero ha merecido la pena. Ved el resultado:


Los aficionados a las manualidades le podéis sacar todos los fallos que queráis (incluido que la cocina, como fondo, no queda demasiado bien), pero para ser la primera vez, no está nada mal.

Esta hazaña viene a completar otra que llevaba varios días planeando por mi cabeza: que mi pequeño aseo de la planta baja pareciera un baño de verdad. La adquisición de un mueble para sustituir al lavabo de pie que había inicialmente fue la primera fase. La segunda fase se dio ayer, cuando nos recorrimos las tiendas de bricolaje en busca de baldas de cristal, toallero y demás enseres. Por fin, esta mañana, tercera fase y última: bricomanía en estado puro y, por supuesto, limpieza posterior. Ahora parece un baño, pero no pongo fotos para que no me copiéis.

2 comentarios:

Indo dijo...

reconozco que soy un poco manazas, así que me parece que está muy bien. aunque a mí me parece que todo está bien, porque yo soy torpe e incapaz de hacerlo así, jejejeje
en serio, te ha quedado muy logrado. y con un mes de antelación para que de tiempo a desaparecer el olor extraño...
un beso!

Irene dijo...

¡Qué bonito! A mí también me gustan las manualidades :-) De pequeña me gustaban mucho y he vuelto a retomar ese hobby con el fieltro, haciendo broches y complementos.
Creo que ayudan mucho a fomentar la creatividad y te hacen sentir muy bien cuando terminas cada pequeño proyecto.